Eterno Retorno

Monday, August 17, 2026

En mi cartera había pesetas, después hubo euros y ahora no hay nada


 

 ¿Qué es un país en el Siglo XXI? Un montón de bancos fraudulentos dueños de millones de destinos y futuros, un paro raquítico que sirve para alimentar los intereses de los mismos bancos y una patera llena de africanos que juran ver destellos dorados en nuestras costas.  La España del Siglo Oro le presumía al mundo a su Quevedo, a su Góngora, a su Calderón de la Barca; Velásquez dibujaba a la Infanta Margarita rodeada de sus sirvientas y el mismísimo Dios le dictaba poemas a Santa Teresa y a San Juan de la Cruz mientras nuestro católico rey exprimía las minas de Guanajuato y el Potosí para pagarle los intereses a los banqueros judíos que tenían hipotecada la Corona. La España tan culta y exquisita en donde los tercios desempleados y mutilados se mataban en los garitos por dos maravedíes entre putas rechonchas y cueros de vino pendenciero, sacando a relucir sus aceros oxidados, reviviendo miserias de guerras perdidas. Nuestra España no tiene un Velásquez ni tiene un Quevedo y tan solo le resta legarle al mundo los goles de un argentino chaparrito y un portugués petulante, encargados de mantener vivo ese viejo de negocio de poner a pelear a catalanes y castellanos, mientras nuestro rey, feliz de la vida,  mata elefantes en África para después pedir perdón como niño  regañado y hacer  como que no ve las manos tan largas de su yerno.  

Los dos últimos años han corrido lentos, a paso de tortuga. Zapatero se largó por donde vino y a Rajoy le dieron la bienvenida millones de indignados. En mi cartera había pesetas, después hubo euros y ahora no hay nada y no queda muy claro si algún día volverá a  haber ahí alguna moneda o papel que ampare alguna riqueza que no sea humo o arena mojada, con nuestra pija casa de Madrid a punto de ser embargada y rematada por el banco que es dueño de nuestro futbol y nuestras vidas. En Bruselas,  Ángela Merkel y los europeos que aun se creen habitantes del primer mundo meditan si vale la pena darnos de una buena vez una patada en el culo y expulsarnos del edén de la moneda común como quien expulsa de casa a un maloliente pordiosero que se ha acercado a pedir limosna. Pronto un gran serrucho caerá sobre los Pirineos y la miserable península se irá navegando son sus sueños de primer mundo hasta el África subsahariana, mientras Europa, con su dignidad de vieja prostituta, le entrega el culito a los jeques árabes.