RIP Editorial ERA (1960-2026)
Podemos
afirmar que en este triste lunes termina una Era en la historia editorial de
México. En mi camino de vida como lector, hay ciertos libros u obras que han
marcado un umbral o una encrucijada. Después de leerlos ya nada es igual. Vaya,
mi vereda como lector no habría sido la misma de no haberme topado un día con José
Revueltas y Malcolm Lowry por mencionar solo un par de ejemplos. Pues bien,
tanto Revueltas como Lowry llegaron a mí por editorial Era, uno esos faros culturales
que nos dejó por herencia el exilio republicano español.
Con
esos dos me hubiera bastado para prenderle un par de velas de gratitud eterna a
esa casa editorial. Si a eso sumamos más de una veintena de títulos César Aira,
antologías icónicas como Norte o A ustedes les consta o joyas irrepetibles como
Cartucho de Campobello; Aura de Fuentes; Las batallas en el desierto de Pacheco;
La noche de Tlatelolco de Poniatowska; El arte de la fuga o Domar a la divina
garza de Pitol; Los indios de México de Fernando Benítez o El cuarto jinete de
Verónica Munguía, solo puedo concluir que me han dado a llenar. Más recientemente publicaron a jóvenes talentosos
como Joel Flores e Hiram Ruvalcaba. Vaya, la mayoría de los ejemplares que hay en
mi biblioteca con el sello de esa editorial son piezas que han dejado huella
profunda.
Este
triste lunes Editorial Era apaga la imprenta y baja la cortina. La carta que
acabo de leer es desoladora: “Hoy, a 66 años de la publicación del primer libro
de Ediciones Era, nos vemos en la necesidad de reconocer que el mercado del
libro ha cambiado tanto que no nos permite vivir de las ventas de nuestros
libros”
“En
estos últimos seis años hemos peleado de mil maneras para mantener la editorial
viva, pero los ingresos para lograrlo no han llegado”.
En
fin. El presente es una descomunal y afilada guillotina, una bestia insaciable
que no deja de devorar.
Acaso
en el futuro solo sobrevivirán titanes multinacionales como el voraz pingüino que
todo lo traga o los quijotescos esfuerzos de salmones suicidas que emprendan
proyectos artesanales por puro amor al oficio de edificar iglús en el desierto
Échenle
los santos óleos a Editorial Era. Mientras haya vida, yo seguiré pepenando tus ejemplares
en las mesas de antiguallas y en los sótanos empolvados donde habita la
nostalgia y el olvido que ya somos.


