Eterno Retorno

Monday, August 17, 2026

...y yo seguí aferrado al arte de ser decadencia

 



La Copa del Mundo, como era de esperar, puso muy cachondo al país. Banderas, banderas, emociones a tope, cara al Sol, Non plus ultra, no pasarán. España era campeón del Mundo, pero la burbuja inmobiliaria seguía reventada y hecha mierda. Supongo que Zapatero lo agradeció, aunque poca renta pudo sacarle a la  repentina subida en el termómetro patriotero. La Copa del Mundo es el sueño húmedo de cualquier mandatario impopular y que le pregunten sino a Mussolini y a Videla. No cualquier presidente puede gozar de unos cuantos días de gracia en que parados, especuladores, yonquis, arribistas, PSOE y PP se fundan en fraternal abrazo como si Lepanto hubiera vuelto a ganarse una y mil veces y Trafalgar se peleara nuevamente con saldo favorable. Y España va bien, decía Aznar y Vicente del Bosque para presidente. España campeón del Mundo y mi vida siguió igual de jodida que en los últimos dos años y yo seguí aferrado al arte de ser decadencia, empeñado en aparentar que no pasaba nada, que seguía siendo tan pijo y aristócrata como toda la puta vida, sin atreverme a confesar en público mis miserias, sin tener los huevos para contarle a mis ex colegas, tan desempleados, jodidos y carentes de futuro como yo, que pasaba la vida bebiendo whisky barato, contemplando mi teléfono móvil de última generación yaciente en sepulcral silencio, sin recibir la mágica llamada salvadora que me devolvería a mi estatus de pequeñoburgués tan bien instalado en mi zona de confort. Pero carajo, tampoco es que hubiera nada nuevo en la nevera de nuestra historia, tan llena de muertos de hambre empeñados en parecer aristócratas. Y que le pregunten a los miserables hidalgos del Siglo XVI, tan letrados, tan atiborrados de heráldica y rimbombancia y sin un maravedí partido por la mitad en el bolso. Mucha lectura, mucha caballería andante, mucho latinajo y en la olla sólo había huesos sin carne. Puedo ahorrarme la descripción de mi descenso a los fangos del lumpen con complejos de grandeza. Acaso no haga falta puntualizar que el coche hace tiempo que dejó de estar en mi cochera y a estas alturas doy por hecho que yace en un remate donde ha sido adquirido por un árabe o por un chino o por el banco, que con crisis o sin crisis nunca pierde.