Felices cien años René Goscinny
Nació el 14 de agosto de 1926 en París, pero pasó buena parte de su infancia en Buenos Aires. Es apenas un mes y medio más joven que mi abuela (y murió muy pronto, al igual que ella). Cuando uno piensa en autores franceses, nos vienen a la mente Víctor Hugo, Balzac, Flaubert, Sartre o Houellebecq, pero este señor, del que poco se habla, es uno de los creadores galos de mayor éxito mundial, con más de 500 millones de libros vendidos y traducciones a más de 30 idiomas. Creó a Lucky Luke, a El pequeño Nicolás y al Gran Visir Iznogud, pero su hijo más célebre, el que sin duda lo sobrevivirá varios siglos más, se llama Astérix El Galo, un compañero fiel y omnipresente en mi vida. Mi primera noción de la existencia del Imperio Romano, de Julio César y Cleopatra, de los antiguos Juegos Olímpicos griegos, de las Guerras de las Galias, de los gladiadores y los leones del Coliseo, de los druidas, los dólmenes, los bardos y los adivinos se las debo a Astérix y Obélix. Llegaron a mí en mi cumpleaños número seis en 1980. Una amiga de mi mamá me regaló mis primeros tres libros de la colección: Astérix en Hispania, La vuelta a la Galia y La Hoz de Oro. Desde entonces no paré hasta tener los primeros 24 del menhir. A la fecha los sigo releyendo. Felices cien años René Goscinny. Pongan los jabalíes en la lumbre y aten al bardo, pues sobran razones para festejar.


