La falla de origen del paterfamilias
Acaso la falla de origen
se explique a partir de esa malsana obsesión de los padres aferrados a
imponerle su nombre al primogénito. Habrá quien diga que es una bonita tradición,
un lindo legado familiar, pero para mí es un ridículo afán de repetirse, una
patética herencia colonial. Si de algo estoy seguro, es que yo nunca le habría
puesto mi nombre a mi hijo. Es como condenarlo a ser una repetición de mí, la continuación
de un camino que tal vez él no eligió. Ahora que la palabra patriarcado está tan
de moda, pienso que el delirio patriarcal empieza con el nombre. Vaya, incluso
con los apellidos sería yo mucho más flexible. Digamos que establecería una legislación
para que el menor llevara una suerte de temporal “apellido de leche”
(provisional como la primera dentadura de los cachorros) y que al llegar a la
adolescencia o la primera juventud, uno pudiera elegir libremente si quiere
llevar el apellido de la madre. Es más, me gustaría presentar una iniciativa
para que el derecho civil mexicano acepte que en automático y de oficio que el
apellido de la madre vaya siempre en primer lugar. Si nos vamos a la
estadística mexicana, es mucho más probable que el menor crezca con su madre
que lo haga con su padre. México es una tierra de padres ausentes (y a los de
la minoría presente casi siempre les da por ser insoportables). Sería mucho más
coherente que al nacer te pusieran el apellido de tu madre y que al cumplir 18 años
tuvieras la opción de elegir. De otra forma condenan a millones de menores a
estar marcados por un apellido que no significa absolutamente nada o que no
quieren llevar. Lo que es mucho peor, es
que ese apellido que para ti no significa nada o que abiertamente desprecias,
se lo trasmitirás a tu hijo como una enfermedad hereditaria. Ahí está la falla
de origen. ¿Algo que festejar este día? Bueno,
ser padre es lo más hermoso que me ha pasado, algo que ilumina cada día de mi
vida. Solo espero poder parecerme más al
padre de Abad Faciolince o el de La carretera de Cormac McCarthy y Nunca al de
Kafka o al de Vargas Llosa o a nuestro sacrosanto símbolo nacional Pedro Páramo. Amen a sus hijos y demuéstrenlo todo el
tiempo, en los actos y en los gestos. Nunca hay que escatimar ni regatear el cariño.
Amar, dar todo el soporte emocional y material, encausar, dejar ser, no juzgar y después dar toda la libertad para
abrir alas y seguir su camino de vida.