Eterno Retorno

Thursday, April 01, 2021

Jueves Santo

 


A lo mejor eres un canijo apóstata como yo (y eso está muy bien), pero aunque seamos caminantes del Left Hand Path, estaremos de acuerdo en que estos días tienen su esencia inimitable. El Jueves Santo es de cielos pelones, de horizontes desnudistas, pero al Santísimo Viernes, por aquello de las crucifixiones y las coronas espinosas, le da por vestir su trajecito de sombras y sábanas de nubes. Demasiado Dejá Vu en estos días, estampas de algún pagano Gólgota y un huerto de los Olivos yaciente la penumbra de tu mentirosa nostalgia, olvidado bajo los manteles de últimas cenas ahogadas en licores herejes. En diapositivas neuronales desfilan estampas de santos días: extrañas estar bajo las palmas del Tarraya mirando al Caribe y fundirte en la resolana del viejo Terrazas Vallarta con su rockola mientras los cetáceos transgreden la frontera como divinos indocumentados marinos. Llegan flashazos de tus correrías para pepenar harta cerveza siendo menor de edad en la Isla del Padre; de tu espalda despellejada tras diez horas de sol en Puerto Marqués; del olor a sudores petroleros en arenas tampiqueñas; de las capuchas de los disciplinantes bajo la flama del Vía Crucis zacatecano; de los coras borrados en la Mesa del Nayar cortando la mata de su monarca treceañero; de Cranes en Austin y el cerro del Quemado al alba; de Soto la Marina con insolación; Villa de Santiago en calma chicha y el Golden Gate Park regalando coquetos atardeceres.

Por ahora nos quedan por herencia ese parámetro de otredad que son nuestras islas, el omnipresente recordatorio sobre la existencia de mundos paralelos a donde siempre has querido exiliarte, el símbolo de un más allá asomándose en los límites de tu mirada.

Islas mutantes, camaleónicas, tramposas; tan dadas a los disfraces como a las escondidas. Las islas se saben musas y administran sus dosis de inspiración. Algo entienden de juegos de seducción y acaso se diviertan con tu delirio en Jueves Santo.