Cuando los vikingos navegaron el Sena
De toda la colección de 24 enlistada en el menhir de Obélix, Astérix y los Normandos es posiblemente mi historia favorita. Con un desfase cronológico de nueve siglos, Goscinny y Uderzo nos narran el encuentro entre los galos y los hombres del Gran Norte que no conocían el miedo. Lo cierto es que los nietos de Carlomagno se tragaron la humillación de mirar una flota de 120 barcos vikingos navegando por el Sena. Sometido, el pobre rey Carlos El Simple tuvo que ceder ante el gran Rollo y regalarle grandes extensiones de tierra al norte de Francia y la mano de la bella princesa. A la fecha esas tierras, llenas de güerejos de rancho, se llaman Normandía y por ahí vive mi colega Iván Farías.



