Eterno Retorno

Thursday, January 15, 2026

Sándor Márai en Rosarito

 


 

Últimamente he pensado en el destino del escritor húngaro Sándor Márai y en lo poco que los tijuanófilos hablamos de él, pese a que de una u otra forma es un escritor relacionado con nuestra ciudad. Vaya, vivió como exiliado en el patio vecino sandieguino por más de 20 años y ahí decidió morir en 1989. Márai vino varias veces a Tijuana e incluso nos dedicó una crónica viajera. Cierto, no son pocos los escritores que visitaron Tijuana y escribieron sobre ella, pero la verdad no recuerdo muchos literatos europeos que le hayan dedicado unas líneas a Rosarito. Sí, en los años 50 el exiliado magiar vino a visitar el pueblo en donde transcurren mis días e incluso se permite narrar la anécdota de una espectacular redada o asalto ocurrido un día antes de su llegada. Aquí reproduzco textualmente la crónica de Márai:

“El paisaje es desierto y ondulante. Una calle lleva, por treinta kilómetros, al balneario de Rosarito. El vehículo avanza a tumbos entre las rocas. Piedras muertas de todo tipo, montañas calizas de color óxido. En Rosarito el hotel es un grupo de edificios encalados que recuerda a una mezquita árabe, en medio de un jardín tropical con palmas y cactos. A la puerta hay vigilantes armados, soldados. Gritan con vehemencia, corriendo por allí. En una tienda cercana, parecida a una droguería, explican los propietarios —un obeso matrimonio mexicano— sin aliento, que la noche anterior llegaron a Rosarito militares armados a bordo de vehículos especiales, procedentes de la ciudad de México. Asaltaron el hotel y lo rodearon, y pusieron contra el muro a todos los que se hallaban en la sala de juego. A los jugadores y los huéspedes, a los turistas estadounidenses de Hollywood, les quitaron su dinero y sus cheques —unos 40 mil dólares— y emprendieron una ocupación militar en toda forma: ahora los huéspedes duermen sobre las mesas de bacará y esperan al agente del ministerio público de Tijuana, que deberá decidir sobre el destino de los detenidos, porque “el juego de azar está prohibido”. Esa noticia me divierte. Si hubiera llegado la noche anterior, como lo tenía planeado, también me hubieran encerrado a mí, como a las demás personas, incluyendo a los espectadores”.

¿A qué hotel se referiría Sándor? Asumo que al Rosarito Beach Hotel, porque en ese entonces no había otro. Tampoco es que se hable mucho de Márai en San Diego, pese a las dos décadas que vivió ahí. Asumo que nadie o casi nadie lo conocía. Sé, por sus diarios, que solía dar solitarios paseos por Balboa Park, pero no hacía ningún tipo de vida social ni se relacionaba con la intelectualidad sandieguina. Corríjanme si me equivocó, pero creo que no hay registros de visitas a universidades o charlas en bibliotecas. Vaya, ni en la Coronado Library, donde tienen una respetable galería con retratos de escritores, incluyen a Márai que yo recuerde ¿O sí? Sé que vivió por la calle Sexta en el centro y entiendo que fue ahí donde se suicidó, pero nunca he visto una placa evocándolo. Sé que a partir de la muerte de su esposa Lola se recluyó casi por completo y dejó de salir. Por cierto, el libro que sostengo en la foto tiene la firma de Rodolfo Pataky en la primera página. Rodolfo me lo prestó y yo no alcancé a devolvérselo.