De la Obispado descendió ...
La escalera del Obispado ¿o era acaso el elevador? La calle cuesta arriba y
curveada, la cantera de los muros y las casas. La Obispado, el ascenso, los muros de cantera, cierta
curva, cierta pendiente, un camino extraño y vedado, el presagio de algo más en
las alturas, todo para arribar al final a una cabina de radio pobre estilo
Imer. De la Obispado descendió el viejo Galaxy rumbo a las bocas de los fusiles
guerrilleros.
Del magro juguetero de sus hermanos integrado por carritos sin llantas y monos percudidos de Star Wars, sólo le interesaba aquello susceptible de hundirse en sus túneles. Por años su único juguete insustituible fue la palita amarilla de jardinera con la que desafiaba yermos terrones en tiempo de sequía o moldeaba esculturales pasteles de lodo tras las lluvias de primavera.


