Eterno Retorno

Wednesday, January 13, 2010


Adiós a la Teocracia
(Una reflexión sobre el quehacer de los teólogos en los medios)


El nombre de nuestro monstruo favorito era ideal para los editores de periódicos locales; la verdad es que ni mandado hacer para las portadas. Quien quiera que haya trabajado en un diario, sabe que los editores de cierre suelen destrozar sus neuronas tratando de acomodar encabezados en reducidos espacios. Por ello son tan afectos a los nombres cortos y les da por crear abreviaturas que acaban por inmortalizarse. El ex gobernador Alejandro González Alcocer, por ejemplo, se convirtió en AGA por obra y gracia de los editores. Si nuestro monstruo se hubiera llamado, digamos, Guadalquivir Xoconostle, sin duda hubiera tenido muchas menos portadas a lo largo de su carrera criminal, pero esas tres letras hicieron las delicias de directores editoriales, editores y reporteros. ¿Alguien tiene una idea de cuántas veces su nombre apareció en las primeras planas durante los últimos dos años? Podemos ir haciendo apuestas. Ahora sólo falta tener la paciencia de ir a las hemerotecas.

Eran tres letras: Una consonante y dos vocales. Fácil de pronunciar y recordar. Ideal para nombrar al demonio. Sí, ya se que eran la abreviatura de un nombre propio, pero no puedo resistir la tentación de mentar la raíz etimológica: Theos en griego significa dios. Nosotros elegimos el nombre para referirnos a nuestro diablo. Por dos años, los encabezados de los medios tijuanenses vivieron sometidos a una teocracia y conocí muchos reporteros que se declaraban expertos teólogos.
Sí, fue nuestro monstruo favorito y nosotros tuvimos gran parte de responsabilidad en la creación de su leyenda. A ver, detengámonos a pensar por un momento: ¿cuándo se nombra por vez primera a un capo en los medios? ¿Alguien recuerda cuándo escribimos o pronunciamos por vez primera esas tres letras? Porque existió una primera vez, aunque a menudo ese día pasa desapercibido. Apuesto doble contra sencillo a que fue en alguna edición de Zeta hace unos siete años dentro de uno de esos párrafos en donde sueltan de repente una larga lista de apodos mafiosos. Muchos de esos nombres no vuelven a aparecer en los periódicos, pero unos cuántos, muy pocos, saltan de las notas de interiores a la portada y de repente se vuelven huéspedes permanentes de nuestras charlas e historias de horror. ¿Cómo nace la leyenda de un criminal? ¿Quién se encarga de hacer que su nombre inspire terror? Cierto, los narcocorridos influyen y también los épicos relatos de cantina y tugurio, ensalzando siempre el arrojo y la crueldad del capo en cuestión, pero siendo brutalmente honestos, debemos admitir que a estos monstruos los creamos nosotros. Al igual que las escandalosas golfas de Hollywood o los artistillas mal portados de tabloide farandulero, los capos son bienes de consumo mediático, productos lucrativos que aseguran buen nivel de ventas y rating. A menudo el discurso oficial de las autoridades es que no hay distingos entre mafiosos. Todos son criminales, todos son mugrosos y todos deben ser cortados con la misma tijera, dice Julián Leyzaola. El teniente coronel sabe muy bien que al nombrar a un capo le está concediendo importancia. El nombre enaltece y mitifica al criminal. Pero los medios necesitamos nombrar nuestros demonios, sintetizar el Mal en un solo personaje, crear su leyenda a la medida de nuestros horrores y pesadillas. Eso es lo que vende. El genérico e impersonal “crimen organizado” o “grupos delictivos” suele tener poco o nulo eco mediático. Para vender se necesita nombrar y esas tres letras vendieron mucho en los últimos dos años.

La palabra RIP tiene tres letras

Son las 10:30 de la mañana y en muchas oficinas y cafés de la ciudad la gente hace “bolita” frente a la tele. ¿Está jugando la Selección Nacional? ¿Se adelantó la inauguración del Mundial y los tricolores están goleando a Sudáfrica? No, nada de eso sucede pero el ánimo de la gente es el mismo. Han agarrado a nuestro monstruo más temido, a nuestra peor pesadilla. El Mal tiene su castigo. Júbilo popular. Por un momento se vale interrumpir las labores para ir a ser partícipe del gran acontecimiento y al igual que en los partidos mañaneros de los mundiales, todo mundo comparte el regocijo hablando de lo mismo y repitiendo predecibles letanías entre tazas de café. Por fin lo han agarrado. Los veo e imagino a los aldeanos de una villa medieval que se apretujan en la plaza para ver al cazador que ha matado al feroz lobo que devastaba sus rebaños o a los habitantes de un pueblo del Viejo Oeste que acuden a ver a su sheriff presentar al salteador de caminos que aterrorizaba a las diligencias. Las formas han cambiado; la plaza pública es la sala de conferencias de la PFP o la Sedena; el ánimo de la gente es idéntico. No se trata sólo de recibir la noticia de la caza exitosa, sino de ver a la presa capturada, vencida, humillada. La imagen de nuestro monstruo es vital para conjurarlo. En un mundo donde tenemos fotografías hasta del más improbable y oscuro personaje, los capos siguen alimentando un suculento misterio. Los sentimos pero nos los vemos; los intuimos pero ignoramos su aspecto y nos conformamos con la única foto de la secundaria con peinadito relamido que presume la DEA en sus carteles.

Necesitamos ver la imagen, necesitamos ver la humillación y el castigo. El Bien ha triunfado. La película tiene un final feliz. En una vida de sinsabores e incertidumbre como la del México 2010, la captura de los capos tiene el efecto de un gol de la selección o de un beso apasionado en la telenovela. El circo ha comenzado. La liturgia de las grandes capturas sigue fielmente los pasos del ritual libreto. Orgullosas y gallardas las autoridades policiales, vencido el maligno, de manteles largos los políticos, pensando en cuántos puntos porcentuales en encuestas de popularidad les dará la captura y Washington, tan atento, mandando sus felicitaciones (muy bien mi niño tercermundista, te irás a casa con una estrellita en la frente) y los medios, siempre los medios, como hambrientas gaviotas revoloteando ante el cadáver de una ballena yaciente en la playa. Atásquense de noticia. Coman a llenar que hay para todos. El escenario, obvia decirlo, es tierra fértil para los “enterados”, para los sabihondos de toda la vida, para los que saben lo que tú ignoras y ni por tu inocente cabeza pasaba. Lloverán teorías y leyendas y te recitarán, con pelos y señales, el nombre de sus sucesores y el de su delator. Habrá historias inverosímiles, cuentos fantásticos, lo que nadie sabe, lo que no te enteraste, “me dijeron por ahí, supe por el compadre de un amigo que es ministerial, me dijo un primo que trabaja en la Policía…” hasta que mucho más temprano que tarde, la carne se agotará y empezará a perder su sabor. Las gaviotas revolotearán en busca de otros cuerpos y el capo, que tantas noticias ayudó a vender, llegará con adelanto a la estación del olvido. La “sociedad informada” vomita cada vez más rápido los chicles que a medias mastica. En su papel de figuras mediáticas, los capos son tan efímeros como una estrellita prefabricada por MTV que a los 22 años será demasiado vieja y pasada de moda. La gente exige novedad; tiene hambre de otros nombres y otros horrores. Las pesadillas necesitan ser renovadas con periodicidad.

A ver, abnegado e improbable lector que has soportado mis desvaríos y has llegado hasta este párrafo, te reto a que hagas una prueba: mira este día las portadas de los periódicos tijuanenses. Míralas y si tienes espacio, guárdalas. Hoy, la gran presa de caza es el amo y señor de las portadas y las conversaciones. Nadie le hace mínima sombra, mucho menos esos miles de humildes muertitos caídos en un terremoto en una “lejanísima” isla pobre (¿Dónde está Haití? ¿En África?) Vuelve a mirar los periódicos dentro de una semana y cuenta cuántas veces aparece ese nombre de tres letras. Repite la labor cuando pase un mes, el próximo 13 de febrero. ¿Alguien se ha acordado de nuestro demonio predilecto? ¿Alguien ha escrito esas tres letras? Te apuesto a que nadie. Nuestra fecha de caducidad llega con alas. El público mastica cada vez rápido y el interés se pierde en cuestión de segundos. El cementerio del olvido reclama nuevos cuerpos. Denme el nombre del nuevo capo, descríbanme la nueva tortura de refinada crueldad, trasmitan el nuevo video escándalo, impresionen con el nuevo reallity show, suban a la red la escena porno de la última estrella juvenil de la fábrica. Next, next, next, a otra cosa mariposa y la vida seguirá, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido.