Esperando a Estocolmo
Yo sé que el Nobel lo va ganar algún hermético autor de nombre impronunciable atiborrado de consonantes o alguna extraña oriental (sin duda Can Xue) cuyos libros en Hermida Editores son inconseguibles en México, pero que verás expuesta en la FIL tapatía debidamente cooptada por el voraz e insaciable pingüino que mañana mismo se agandallará los derechos.
Ojalá lo ganara alguien cuya obra me haya dejado alguna huella profunda, como es el caso de César Aira o Enrique Vila-Matas. De los que están en la quiniela, esos dos son mis favoritos, aunque tienen pocas chances.
Si eligen a Aira estarían premiando la emocionante capacidad de crear e inventar sin límite ni atadura y sin que te estrese la coherencia o la geometría perfecta de la trama. El de Coronel Pringles es el más acabado ejemplo de “en el aire las compone”.
Si eligen a Vila-Matas premiarían a la literatura como religión o culto (sería muy feo llamarle secta), la más acabada expresión del escritor para escritores. Para disfrutar a Vila-Matas necesitas ser un Shandy iniciado y padecer el Mal de Montano en grado de metástasis.
Si me piden que elija a una mujer latinoamericana, yo no tengo ninguna duda: me quedo con Leila Guerriero. Para mí es en este momento la mejor escritora de este hemisferio y que me perdonen Samanta Schweblin y Mariana Enríquez. Me dirán que es periodista, aunque para mí escribe como los mejores poetas y si ya premiaron alguna vez a Svetlana Aleksiévich, bien podrían pensar en Leila.
Ahora bien, si tuviera que elegir a otro latinoamericano que nunca ni por remota casualidad estará en las quinielas, yo no dudaría en votar por el cubano Pedro Juan Gutiérrez. Hay quien dice que es una copia habanera de Bukowski, pero sin que me quede nada, a mí me gusta mucho más el Pedro Juan que el Buko. Realismo sucio, sí, sucísimo, pero créanme que Bukowski no habría sido capaz de escribir algo tan profundo como Diálogo con mi sombra.
De los excéntricos que suenan, yo le voy a Mircea Cărtărescu. Imaginación desbordada y hasta juguetona como la de Aira, pero con una prosa chula y pimpolla como pocas.
Por cierto colegas ¿sería muy alucinado pensar en Javier Cercas? Yo no lo descartaría. ¿Y Martín Caparrós? A mí sí me late, pero a Estocolmo posiblemente no.
Y no olviden que el mismísimo José Saramago hizo la profecía de que Gonçalo M. Tavares será Nobel algún día. Tampoco lo descartaría.
Me preguntan que si no le apuesto a Cristina Rivera Garza. Bueno, estaría a todísima madre para la literatura mexicana si ella lo ganara y sin duda habría motivos para festejar, pero si se trata de tirar factos y ser brutalmente honesto, les diré que Cristina no entraría en la lista de mis cien escritores mexicanos favoritos. Lo siento colegas, pero con Nobel o sin Nobel Cristina me aburre un chingo y no consigo terminar un libro suyo.
Pd- Estaría chingonérrimo que lo fuera ganando Ariana Harwicz solo para reírme del coraje monumental y la mega protesta feroz e iracunda que armarían los Palestina lovers.


