Eterno Retorno

Monday, May 01, 2023

Para los niños que nacerán dentro de 50 años seremos el equivalente a neandertales

 


Día de esa gran ficción que aún seguimos llamando trabajo. Hoy es 1 de mayo y yo pienso en el abuelo que a sus setenta y muchos años hace esfuerzos por empacar tu compra del supermercado frente a una caja registradora cuya cajera pronto será sustituida por una máquina. En el ocaso de su vida, el único horizonte posible del abuelo es salir a pepenar la morralla sobrante que puedas darle. ¿Cuál es su historia? Puedes intuirla: migraciones y deportaciones, empleos precarios, entornos violentos, ilusiones náufragas y al bordear la línea de los 80 años, salir a la calle a jugarse entero por diez pesos. Esa es la historia de millones de seres en el planeta: salir a buscar desesperadamente la moneda que te permitirá vivir un día más.

Haríamos bien en mirarnos en su espejo, pues ni a ti ni a mí  nos han blindado contra ese futuro. No, ni tú ni yo tenemos red de protección contra las malquerencias de un mundo cada vez más voraz.  El tren bala de la Historia sigue implacable su desquiciada carrera a ninguna parte mientras el abuelo empaca tu mandado.

Anda, háblale al viejo empacador  de tu mentalidad de emprendedor, de las bondades de la meritocracia. Dile  que solo los flojos son pobres y que en tu red neuronal  de ambicioso tiburón ya has  diseñado la innovadora starup que revolucionará Silicon Valley. Recomiéndale leer los twits de Salinas Pliego, Padre rico pobre y  La rebelión de Atlas de Ayn Rand. Cuéntale tus ilusiones ridículas. En orden de probabilidades, estás muchísimo más cerca de vivir el destino del viejo empacador que de transformarte en el próximo Elon Musk.

El 1 de mayo es una caduca herencia de la Revolución Industrial, la sublime sangre de los mártires de Chicago haciendo germinar derechos y garantías laborales. Recuerdo cuando aún se valía soñar con una clase obrera orgullosa y digna,  capaz de ilusionarse con los cimientos firmes de un estado de bienestar, con jubilación, seguridad social, acceso a vivienda y educación. Fue casi idílico en el Siglo XX pero hoy la clase obrera es la sombra de un muerto caminando. El proletariado es un ente agonizante y desahuciado.

Hoy nos queda por herencia la casta de los prescindibles, los cientos de millones de seres que no alcanzaron ni un mísero lugarcito en el engranaje de esa gran ficción llamada cadena productiva. Seres que en su desesperación emigran, saltan muros y cruzan mares en balsas de troncos porque alguien les dijo que allá en el hemisferio boreal aún hay ubres de las que mana algo parecido al sustento.

La cadena productiva demanda sangre joven: merolicos de call center que sueñan con ser youtubers; repartidores de Uber eats que una noche lluviosa mueren destripados en la carretera sin haber podido materializar sus ambiciones influencers; tiradores de droga en antros de moda y  sicarios bebés inmolados a ritmo de peso pluma.

Disfrútalo mientras dure, pues a los 26 años serás demasiado viejo. Acaso estamos inmersos en una transición mucho más radical que el final de la Edad Media en la era de las exploraciones o la irrupción de la Revolución Industrial y la producción en serie. El detalle es que hoy la Historia corre con prisa hacia el desbarrancadero y bastan cinco años para experimentar las transformaciones que antes tomaban un siglo.

No, ya no hay contrato social. Olvídate del cuento de que somos necesarios y cada quien aportamos nuestro granito de arena. Nada de eso mi buen:  somos divinamente prescindibles y acaso el mejor futuro posible será una suerte de soma del bienestar, una droga perfecta con todos los efectos placenteros del alcohol, el cristianismo y los opiáceos que te mantenga debidamente dopado mientras recibes una beca por existir y finges que dedicas tu vida algo.

No, el suelo que pisamos no es firme. Es una arena movediza, una escalera de plastilina. El tren bala de la Historia pasará de largo por la última estación donde hemos quedado varados. La inteligencia artificial nos dará una patada en el culo y la era de la desigualdad biológica hará que el esclavismo en la Edad Antigua parezca un chiste. Los que controlarán tu destino serán cyborgs amortales repletos de nano chips, Homo Deus robotizados con cerebros infalibles mientras tú serás un sapiens primitivo muriéndote de cáncer o diabetes a tus 70 años

Sí, ya somos el olvido que seremos, el non plus ultra de lo obsoleto. Para los niños que nacerán dentro de 50 años seremos el equivalente a neandertales.

Feliz Día del Trabajo.