Escribir era evadirse de lo indeseable
Hace algunos ayeres, cuando no tenía tiempo
ni dinero, Ánimas escribía por escribir aún a sabiendas de que nadie jamás lo
leería. Las historias emergían de la nada, le bailoteaban un tiempo en la
cabeza y un día cualquiera las derramaba
en un papel o en algún archivo de Word. Su vida diaria no tenía minutos
sobrantes, pero Ánimas siempre encontraba el instante para entregarse a su fuga
escritural. El mundo real era tan denso, tan absorbente y castrante, que la
escritura poseía el deleite de lo furtivo, la emoción de la escapatoria.
Escribir era evadirse de lo indeseable, robarle minutos a la tiranía del
trabajo serio e ir a buscar esa idílica
vida que yacía siempre en otra parte.


