a veces creo que mi misión es hacer proselitismo ateo y tratar de abrirle los ojos a la gente sobre el mal que hace la religión
Me cuesta mantener la ecuanimidad
a menudo. Tengo una vocación deicida hormonal. Me hago el propósito de dejarlos
en paz, pero el mundo a cada momento me demuestra que el fanatismo religioso
sigue más vigente y visceral que nunca y hace muchísimo daño a la humanidad. Además
veo cómo la mafia evangélica va ganando espacios. En Brasil ya son un problema.
El triunfo de Bolsonaro se debe a ellos. A menudo digo, bueno, fiesta en paz,
guardar silencio, pero a veces creo que mi misión es hacer proselitismo ateo y
tratar de abrirle los ojos a la gente sobre el mal que hace la religión. Yo
tengo la profunda convicción de que solo un mundo sin dios puede aspirar a ser
verdaderamente libre y responsable de sí mismo.


