Eterno Retorno

Wednesday, March 22, 2023

Lo sui generis de Dubravka Ugrešić es que evadía el drama y el victimismo con un humor bizarro

 


 

Con tristeza me acabo de enterar de la repentina muerte de Dubravka Ugrešić, una escritora croata a la que descubrí en forma tardía  hace poco menos de un lustro.

He leído dos libros suyos  - El Ministerio del Dolor y El Museo de la Rendición Incondicional- y ambos me patearon fuerte. De una forma u otra me parecieron el mismo libro, aunque el primero es una suerte de terapia grupal de exiliados y el segundo una dispersa recolección de retazos de vidas rotas.  Nada que ver con la trama lineal de una novela típica.  De hecho no estoy tan seguro de que podamos llamar novela a los híbridos creados por Dubravka.

 

Por alguna razón a mí el tema balcánico siempre me ha apasionado y puedo decir que entre los autores que he leído, nadie ha retratado como Ugrešić el desgarro ontológico del exilio y el desmembramiento interior de quienes vieron desmembrarse como un cuerpo leproso aquel ente al que llamaban patria y que un día simplemente dejó de existir. De hecho ella misma se presentaba como post-yugoslava y no como croata. No solo fue el trauma de huir de una guerra que desangraba su tierra natal,  sino el hecho de que el país que dejó atrás ya no existe más.

Nació y creció en un país llamado Yugoslavia al que los regionalismos radicales pulverizaron de un día para otro como quien patea un castillo de arena.  Sus personajes van por el mundo llevando su vida entera y los pedazos de su alma dentro de una mochila. Tal vez lo más sui generis de Dubravka Ugrešić es que evadía el lugar común del drama y el victimismo con un humor por momentos bizarro. Con una mirada no exenta de ironía, se dedicó a narrar tragicómicas peripecias de la vida cotidiana de errabundos ex yugoslavos tratando de reconstruir los pedazos de su vida en Ámsterdam o Berlín. Su humor es por momentos bizarro porque según sus propias palabras, no quiere dejarse vencer por el azufre de la nostalgia. Desde hace algunos años su nombre sonaba con cierta fuerza en las quinielas del Nobel. Creo que le sobraban méritos para recibirlo.