Eterno Retorno

Wednesday, May 26, 2021

YO (ga)

 

¿Yoga o yo? Lo primero que te advierte la siempre mentirosa  contraportada, es que éste no es un manual práctico sobre yoga ni tampoco un bienintencionado libro de autoayuda. El detallito es que al cabo de 120 páginas,  el nuevo libro de Emmanuel Carrère no parece ser mucho más que una guía yogui y uno se pregunta si este ejemplar no debería estar en la sección holística, en vecindad con Osho, Chopra y otros gurús baratos. La obra “deslumbrante y desgarradora” que combina con maestría crónica, ensayo y autobiografía, se limita en su primera parte a una explicación sobre diferentes técnicas de meditación y yoga.  El autor yace en un estricto retiro espiritual en donde el  voto de silencio absoluto es inflexible y por momentos las páginas se vuelven tan lentas y estáticas como las largas jornadas en posición de flor de loto. Luego, como no queriendo mucho la cosa y de manera un tanto forzada, irrumpe en escena el atentado contra Charlie Hebdo y de pronto, sin venir a cuento, asistimos al desbarrancadero interior de Carrère, que parece coincidir con su desbarrancadero narrativo. Lo vemos entonces en un hospital psiquiátrico recibiendo shocks eléctricos con su matrimonio desmoronado y su estabilidad emocional naufragando en una tormenta. Lo que al principio parece una sobrecarga de yoga acaba en una intoxicación de yoísmo. Yo, yo, yo y solo yo. Its all about me. Demasiado ego, diría Charly García.   Claro, hay frases y conceptos rescatables sobre el flujo del pensamiento, el ying y el yang aplicado a la propia vida, pero cuando uno recuerda que este autor fue capaz de crear obras del tamaño de Limónov o El adversario, la conclusión es que extravió el rumbo y la comparación con los Ensayos de Montaigne o Confesiones de Rousseau le queda enorme. Yo tenía entendido que una de las funciones de la meditación es combatir el exceso de ego, fundir al individuo con el cosmos y bajarle tres rayitas a la grandilocuencia, pero Carrère se obsesionó consigo mismo. Cierto, siempre ha sido protagonista y le gusta salir a cuadro y robar cámara en sus propias historias, pero esto es ya la borrachera de Narciso.

Pd- ¿Hay algún autor francés contemporáneo que pueda considerarse libre del influjo de ese absorbente fenómeno que todo lo envuelve llamado Houellebecq?