Adiós Miguel Aceves
Podría empezar narrando que Miguel Ángel Aceves fue el contador más serio, profesional y responsable que he conocido, pero pocos saben que fue también un extraordinario contador de historias. Aunque su vida cotidiana transcurría en los kafkianos laberintos fiscales, Miguel tenía una gran vena artística. Integró grupos de teatro y talleres literarios y tenía un talento natural para narrar. Fue Laura Durán quien me lo presentó, cuando yo dejé de trabajar en nómina e inicié mi vida como profesional independiente. Miguel me llevó la contabilidad durante 17 años. Recuerdo cuando me condujo casi de la mano al SAT a tramitar la FIEL. Yo le decía que él era como mi Virgilio conduciendo a Dante a través del infierno fiscal. Solía decirle que el SAT-ánico era la verdadera Bestia del Apocalipsis y que su marca yacía en los datos biométricos. Por casi dos décadas Miguel me apoyó con todas mis declaraciones anuales, constancias u opiniones de cumplimiento. Cada cierto tiempo yo le escribía pidiendo su auxilio y su divina intervención: Contador Aceves, por favor, sálveme, la gran bestia SAT- ánica me invita cordialmente a cumplir mis obligaciones fiscales. Nuestra relación profesional era por la contabilidad, pero solíamos hablar muchísimo de libros. Era un hombre muy culto, gran lector. Alguna vez tuve el honor de que me invitara a prologar la antología Alquimia, Narrativa contemporánea, donde comparte textos con Ana Cerrillos, Laura Ruiz Esparza y María Alma Fregoso, integrantes del taller literario de Adolfo Morales Moncada. Presentamos el libro en la Casa de la Cultura de la Altamira.


