Eterno Retorno

Thursday, November 07, 2013

LA CIUDAD DE LAS PALABRAS

Hablemos ahora de La ciudad de las palabras de Alberto Manguel, sin duda el mejor ensayo literario que he leído en el 2013. La ciudad de las palabras es la contundente respuesta a los no pocos idiotas que me han preguntado de qué me sirve leer tantos cuentos y novelas. La gente de mente corta y utilitaria, tiende a ver en la literatura de ficción un vil escape o una pérdida de tiempo. Pues bien, este ensayo hace ver a toda esas personas, que la literatura nos define y refleja como sociedad y que el alcance y la capacidad de reinvención y transformación del lenguaje literario, le permite alcanzar una trascendencia y una atemporalidad a la que jamás podrán aspirar ni el discurso político ni la perorata publicitaria. Solo al concluir la lectura de este libro, reparé en que casi agoto la tinta de mi pluma con tantos subrayados y anotaciones al margen. Alberto Manguel hizo lo que pido y agradezco a un ensayista: picar la cresta, confrontar pensamientos, jugársela con un planteamiento donde hay erudición y apasionamiento en dosis semejantes. La ciudad de las palabras tiene mil y un frases e ideas realmente demoledoras sobre el efecto que las ficciones literarias tienen en el desarrollo de la sociedad. El hilo conductor de la obra es la forma en que la gran literatura nos ayuda no solamente a definirnos a nosotros mismos, sino a entender y asimilar la otredad. Partiendo desde una exhaustiva reflexión sobre el sentido de la más ancestral de las ficciones -la mesopotámica Epopeya del Gilgamesh- Manguel se sumerge en aguas profundas para desentrañar el sentido ontológico de los antiguos mitos y fábulas, hasta llegar al legado de las primeras novelas clásicas. El sembrado de una duda sobre la naturaleza y el contenido del canto de las sirenas que intentaron hechizar a Ulises o el repaso a las doctas disertaciones de algunos sabios (San Agustín incluido) sobre los hombres cabeza de perro, son los distintos hilos de los que Manguel va tirando para demostrar cómo la literatura busca siempre explicar al otro y desdoblar o multiplicar nuestra personalidad hacia el exterior. Tras el mal sabor de boca que me dejó el ensayo Naturaleza de la novela de Luis Goytisolo, me topo de frente con una obra donde hay garra, inteligencia y sentimiento. Una auténtica declaración de principios a favor de las buenas letras. La literatura es lo contrario del dogma. Un texto literario está constantemente abierto a otras lecturas, a otras interpretaciones, quizá porque la literatura, a diferencia de los dogmas, permite tanto la libertad de pensamiento como la libertad de expresión, y, como esos genes esenciales que nos dieron el poder de la imaginación, se reproduce a sí misma . Es por párrafos como éste por los que meto las manos al fuego por La ciudad de las palabras y lo considero desde ya el mejor ensayo que he leído en este azaroso 2013.