Béticos
Dijimos adiós a la Tacita de Plata, a la irreductible y libertaria Cádiz en cuyas estrechas calles nos hemos fundido y cuyo pescaito frito nos ha encantado. Ciudad de antiguas librerías, de combativos periodistas, de toreros y cantaores. Después de ser asfixiados por la mojigatería marroquí, fue un bálsamo liberador retornar a las delicias del cerdo, el vino y la libertaria vocación ampliamente recompensada. Viva Cádiz!


